Concepto de terapia asistida por animales

¡Hola de nuevo!

Hoy nos hemos marcado un objetivo básico, pero de máxima importancia, de cara a desarrollar intervenciones asistidas por perros (y otros animales): definir, acotar y diferenciar las actividades asistidas por animales (AAA) de la terapia asistida por animales (TAA).

La etiqueta «asistida por animales»

Este apartado no ofrece grandes dificultades. Las intervenciones asistidas por animales tienen la característica de incluir algún animal como complemento facilitador. A veces, el animal aparecerá como protagonista (tomando parte activa de la actividad); otras veces, será sujeto pasivo sobre el cual trabajar (por ejemplo, en entrenamiento en actividades de la vida diaria-vestirse, peinarse, etc.-); incluso puede darse al animal un uso fuera de la sesión, pidiendo a los participantes que realicen una tarea entre sesiones (por ejemplo, que fabriquen un objeto en los talleres ocupacionales para el perro, potenciando la adherencia a estos talleres).

Sin embargo, vale la pena subrayar que una intervención terapéutica asistida por animales no deja de pertenecer a la disciplina en la que se anida. Es decir, la psicoterapia asistida por animales no deja de ser terapia psicológica; se distingue por la herramienta utilizada, pero eso no la exime de cumplir con todos los estándares propios de la Psicología Clínica o de la Salud.

Las formas concretas de obtener beneficios de la participación del animal tendrán su sitio en otras entradas. De momento, pasamos al reto de trabajar con otras definiciones.

Definir la terapia

Como psicólogo de formación, el reto de definir qué es terapia implica una dificultad muy elevada. En realidad, el debate de qué es (y qué no es) terapia ha ocupado un lugar destacado en el trabajo de muchos profesionales a lo largo de décadas. Esto ha propiciado la aparición de muchas definiciones que coexisten y que, sin llegar a ser opuestas ni excluyentes, contienen elementos diferenciadores que concuerdan con la línea de trabajo en que se encuadran.

Esto mismo ocurre, a buen seguro, en otras disciplinas que tienen la terapia entre sus atribuciones. Entonces, ¿Podemos definir la terapia en general?

En esta entrada no podemos hacer una revisión comparada exhaustiva acerca de qué es terapia, ya que es un tema demasiado amplio. Lo que sí podemos hacer es buscar algunos puntos comunes. Así, todas las formas de terapia incluyen:

  • Un profesional capacitado. El perfil profesional viene delimitado siempre por la legislación vigente. Es imposible hablar de tratamiento sanitario fuera de los límites explicitados por la normativa de cada país (u otras fracciones de territorio).
  • Una evaluación de problemas. Todas las disciplinas sanitarias tienen alguna (o varias) forma de aislar y clasificar las cuestiones que se van a intervenir: la CIE-10 en Medicina, la DSM-IV en Psicología… así como métodos de evaluación propios (mediante maquinaria, pruebas estandarizadas, etc.). Las definiciones laxas del problema, el uso de coloquialismos y, en general, todo lo que incluya un lenguaje no profesional resulta peligroso, ya que no permite evaluar los resultados, dificulta la elección de tratamiento, etc.
  • Objetivos terapéuticos. Marcar unos objetivos comprobables es inexcusable para hablar de terapia. Los antibióticos pueden administrarse para eliminar una infección, y  la desensibilización sistemática puede administrarse para eliminar una fobia; en ambos ejemplos, los objetivos están bien delimitados, y su consecución es comprobable.
  • Unos medios técnicos propios de la disciplina. En relación con lo anterior, cada profesión dispone de un elenco de recursos técnicos y tecnológicos para acometer las intervenciones propuestas. Estos medios están estandarizados, de manera que los distintos colegas profesionales pueden aplicar la misma técnica. Por ejemplo, en Psicología, una Inundación (/flooding) tiene unas pautas concretas y conocidas, que no dejan sitio a errores o inexactitudes en su aplicación.
  • Un diseño de intervención. Es imposible hablar de terapia si no existe una unión sistemática entre medios y fines en la intervención. Esta unión proviene de la experiencia compartida por los profesionales del área, y cada disciplina tiene sus métodos para establecer los protocolos de elección (buenas prácticas, métodos estadísticos, etc.).
  • Evaluación final. Dado que toda terapia busca un cambio, ya sea con respecto al momento inicial (por ejemplo, la desaparición de una infección), o con respecto a la evolución esperada del problema (por ejemplo, el mantenimiento de habilidades cognitivas en pacientes con demencia), la comprobación de resultados es ineludible. Nuevamente, cada disciplina tiene diferentes maneras de objetivar el cambio.

Diferencia con las actividades asistidas

Por otra parte, las actividades asistidas por animales se desarrollan en un marco más flexible. De hecho, gran parte de las intervenciones que se etiquetan como «terapia asistida» son en realidad «actividades asistidas».

Definir las actividades es complicado, y quizá el uso de ejemplos (definición empírica) sea la mejor manera de ilustrarlo. Ejemplos de actividades son las reuniones informales, pasatiempos, salidas y excursiones dirigidas al ocio y al deporte, etc. Es decir, casi cualquier acción organizada es susceptible de convertirse en una «actividad».

Por supuesto, las actividades pueden tener distintos grados de organización, contando con una programación establecida, unos objetivos mínimos y algún tipo de evaluación. No obstante, las actividades y la terapia son entidades completamente diferentes, y es importante evitar cualquier confusión: la terapia es un tipo muy concreto de actividad, y no todas las actividades superan los mínimos exigidos para cualquier terapia.

Roles dentro de la intervención terapéutica

Una vez determinado qué diferencia a la terapia de las actividades, es necesario entrar a valorar los roles profesionales a desempeñar en la terapia, y qué profesionales pueden ocuparse de cada uno de ellos.

Terapeuta.

El terapeuta es la persona responsable del tratamiento. Entre sus atribuciones están la evaluación previa del problema, el diseño del programa de intervención, la aplicación de los medios terapéuticos (técnicas, fármacos, etc.) y evaluación de resultados (entre otras).

La terapia sólo puede ser ejercida por un profesional capacitado legalmente para tal fin. En España, diversas formas de terapia están entre las atribuciones de psiquiatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, médicos… y están bien delimitadas.

Guía canino

El guía canino es un especialista del manejo del perro (en caso de que la terapia sea asistida por este animal, por supuesto). En la situación de terapia (o durante el desarrollo de las actividades asistidas), el guía es la persona encargada de asegurarse que el animal cumple la función asignada, de moldear correctamente su conducta (por ejemplo, administrando reforzadores), y de controlar que el trabajo no suponga estrés o daño al perro.

Para llevar a cabo estos roles, el guía necesita contar con conocimientos de etología y adiestramiento.

Adiestrador canino

Entre sus labores profesionales suelen estar la selección del perro de trabajo, su adiestramiento, y el mantenimiento del aprendizaje.

En España no existe una normativa común que determine la formación necesaria para determinar qué profesional está legalmente considerado un adiestrador canino (Morós, 2011), algo que depende de cada comunidad autónoma.

Entonces, ¿cómo se organiza la terapia?

La intervención terapéutica siempre está dirigida (evaluada, diseñada y controlada) por el profesional habilitado legalmente para esta labor; la conducción del perro en la sesión depende del guía canino; y la preparación del perro depende del adiestrador.

En ocasiones, harán falta una persona para cada uno de los roles delimitados. Sin embargo, varios roles pueden ser desarrollados por una misma persona. Así, es frecuente que la persona que adiestra el perro ejerza como guía, o que un terapeuta tenga formación y experiencia suficiente para manejar al perro dentro de la sesión. Lo que no puede ocurrir (porque además de imprudente, es ilegal) es que adiestrador o guía suplanten al terapeuta, sin tener la formación requirida para ello.
Cualquier persona interesada en la consolidación de la terapia asistida como alternativa terapéutica debe luchar por aclarar este punto en todos los foros que tenga disponible.

Y… ¿Ya hemos agotado el tema?

En realidad, cada una de las cosas que hemos nombrado tiene una serie amplia de implicaciones profesionales y legales, que necesitarán de una discusión posterior en otras entradas (por iniciativa propia o a petición-¡vuestros comentarios son muy necesarios para profundizar!).

Esta entrada tiene un discurso bastante abstracto, en el sentido de que no entra a valorar la situación de la terapia asistida por animales en el terreno de lo real. Por ejemplo, cabe preguntarse cuántas de las experiencias autocalificadas (y accesibles a través de la red) como terapia asistida cumplen con los requisitos expuestos.

Igualmente, existe una amplia oferta de formación en terapia asistida, pero… ¿cuántos de estos cursos ofrecen lo que ofertan? Es decir, ¿para qué porción de la labor capacitan? ¿dejan claro qué opciones ofrecen para ejercer la terapia? Y más allá, ¿incluyen profesionales capacitados para ejercer como terapeutas, o se arrogan esta labor sin tener derecho a ello?

Confiamos seguir analizando estas cuestiones con todos vosotros. Un saludo y ¡hasta la próxima!

Referencias

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Un pensamiento en “Concepto de terapia asistida por animales

  1. Hola….
    Primero que todo, felicitarlos por el blog, me gusta mucho como exponen las temáticas y la firmeza de sus afirmaciones respecto de los roles que se hacen el trabajo de TAP.
    Me encantaría poder tener su email para hacer más consultas.
    Saludos cordiales!!!

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