Selección canina: conceptos previos

Hola de nuevo!

En la entrada de hoy comenzamos con un tema que, según nuestra experiencia, siempre despierta un gran interés entre las personas que trabajan con perros y/o que desean trabajar en la terapia asistida: la selección de perros. Sin embargo, para profundizar en este tema es necesario, a nuestro entender, establecer una base teórica que evite confusiones; de ahí esta primera entrada sobre conceptos previos.

En general, toda persona con experiencia en el trabajo con animales enumera con facilidad unas características deseables en los perros de trabajo: obediencia, equilibrio, docilidad, sociabilidad… y un largo etcétera. Algunas de éstas tienden a repetirse, aunque las etiquetas utilizadas (nombres) pueden variar. Sin embargo, la definición exacta de cada concepto (la característica en sí) es enormemente variable, provocándose así inconsistencias que nos alejan de nuestro objetivo: una evaluación objetiva, que cubra los objetivos de validez y fiabilidad.

Las dificultades inherentes a la evaluación son un tema de debate clásico en las Ciencias del Comportamiento. Por ejemplo, la Psicología se ha enfrentado al reto de medir las diferencias individuales mediante diversas herramientas (cuestionarios, tests, etc.), desarrollando una serie de teorías y técnicas que se anidan dentro de la Psicometría.

Así pues, existe gran cantidad de información acerca de cómo evaluar correctamente las características individuales (en seres humanos y no humanos). Sin embargo, para los no iniciados en investigación, podemos destacar dos conceptos de gran utilidad para valorar la calidad de una herramienta de evaluación, : fiabilidad y validez.

Fiabilidad:

Con fiabilidad (o consistencia interna) se hace referencia al grado de coherencia que la evaluación ofrece. Si disponemos de un número de Rabbi A. Cronbachpreguntas acerca de una característica personal (por ejemplo, inteligencia, sociabilidad, etc.), la lógica dicta que las respuestas que un sujeto dé a todas ellas debe seguir un patrón, ya que si se pregunta sobre una misma cosa, las respuestas deben estar relacionadas. De este modo, la fiabilidad (normalmente medida mediante índices como el Alpha de Cronbach o la K de Kudder-Richarson, que oscilan entre un mínimo de 0 y un máximo de 1) indica el grado de coincidencia entre ítems. (Foto derecha: Rabbi A. Cronbach).

Usando un ejemplo aplicado a la selección canina, podemos hablar del Ethotest (propuesto por Lucidi, Bernabó, Panunzi, Della Villa y col., 2005). Esta herramienta evalúa conceptos tales que  “agresividad”, “dominancia”, “iniciativa”, “dominancia”, etc., cada uno de los cuales incluye al menos dos indicadores o pruebas a realizar. Si los ítems seleccionados para cada concepto son adecuados, es de esperar que el Alpha de Cronbach para cada grupo sea alta, ya que medirán el mismo objeto; sin embargo, resultados bajos de Alpha indicarán que las respuestas ofrecidas a distintas cuestiones no son consistentes, por lo que parecen medir cosas distintas.

Esta fiabilidad no es inamovible, ya que un mismo cuestionario puede presentar distinta fiabilidad cuando se aplica a distintos grupos de individuos: por ejemplo, un instrumento de evaluación puede ser más fiable cuando se aplica adultos (frente a adolescentes), o a pacientes que han sufrido un infarto de miocardio frente a diabéticos. Por ello, antes de dar por buena una traducción, o una adaptación de una prueba desarrollada en un contexto (histórico, cultural, etc.) a otro, es necesario volver a comprobar su fiabilidad.

Validez:

De un modo simplificado, la validez puede ser entendida como el grado en que medimos lo que queremos medir. Así, una vez la fiabilidad nos garantiza que todas las preguntas miden lo mismo, es necesario comprobar que lo que el Ethotest denomina “agresividad” es efectivamente “agresividad”.

Esto supone un doble reto. En primer lugar, necesitamos tener una definición de qué es la característica a medir; y luego, comprobar que nuestro instrumento recoge los aspectos más relevantes de ésta.

La definición del concepto no es una tarea facil. Como se nombró al principio del texto, es frecuente que los profesionales utilicen ciertas etiquetas con frecuencia (obediencia, sociabilidad, afabilidad, equilibrio, etc.), sin comprobar que el concepto que subyace es el mismo. Esto es terreno abonado a los errores, y es la razón por la que los textos científicos suelan incluir la definición del objeto de estudio. En general, nunca debe asumirse que utilizar una misma etiqueta implica hablar de la misma cosa.

Hay diferentes maneras de evaluar la validez. Por ejemplo, la validez de contenido de un instrumento de evaluación puede ser llevada a cabo por profesionales de prestigio, comprobando que el instrumento recoja todas los aspectos relevantes del concepto a evaluar. También pueden reunirse grupos con una característica claramente diferenciada (por ejemplo, perros muy agresivos y perros no agresivos) y comprobar si puntúan de manera diferente en el instrumento (en el caso del Ethotest, en el apartado específico).

Otra forma de valorar la validez es de forma predictiva. Si utilizamos una herramienta de selección canina, es importante comprobar hasta qué punto ha sido útil para anticipar el nivel de adecuación de los perros al trabajo. Si al cabo del tiempo se comprueba que los perros seleccionados trabajan (al menos en su mayoría) correctamente, sabremos que el instrumento es sensible a las características deseadas (acierto de valoraciones positivas). Sin embargo, y esto es menos intuitivo, también es necesario comprobar si los perros desechados por el instrumento no son capaces de llevar a cabo la tarea (especificidad), ya que cuando un instrumento elimina a perros que son aptos en realidad, está provocando falsos negativos.

Entonces… ¿Qué ocurre con los métodos de evaluación “personales” e “intuitivos”?

¿Qué ocurre si no se llevan a cabo estas comprobaciones? ¿Es que la evaluación es defectuosa? No necesariamente. De hecho, todas las herramientas de evaluación comienzan siendo usadas antes de poder contrastar sus cualidades psicométricas.

Sin embargo, la única forma de demostrar que nuestra manera de evaluar es adecuada es aportar este tipo de dato; de lo contrario, nos moveremos por el campo de la opinión, no de la ciencia. Y aunque la experiencia profesional es muy importante, lo cierto es que personas que trabajan de maneras muy dispares, a menudo antagónicas, coinciden en considerar que su propuesta es la mejor…

Las opiniones son siempre respetables, pero cuando nuestro objetivo es la intervención sanitaria, comprobar nuestros métodos es una obligación no sólo profesional, sino moral.

Referencias/Para saber más:

  • Lucidi, P., Bernabó, N., Panunzi, M., Dalla Villa, P. y Mattioli, M. (2005). Ethotest: A new model to identify (shelter) dogs’ skills as service animals or adoptable pets. Applied Animal Behaviour Science, 95, 103-122.
  • Prieto, G. y Delgado, A.R. (2010). Fiabilidad y validez. Papeles del Psicólogo, 31, 67-74. [Encuéntralo en nuestra zona de Recursos]
  • En Wikipedia: artículos de Psicometría, Fiabilidad y Validez.

Nota: Los enlaces ofrecidos para Psicometría, Validez, Fiabilidad… llevan a artículos de Wikipedia sólo por razones de accesibilidad. Para aprender más sobre el tema, puedes escribirnos para que te recomendemos referencias bibliográficas especializadas.

Esto es todo por hoy. En breve, colgaremos enlaces a algunas herramientas de selección canina disponibles en la literatura, analizando el denominado test de Campbell, el Ethotest, etc. Esperamos veros por aquí, ¡Un saludo!


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