Escuelas de adiestramiento canino

Existen varias aproximaciones al adiestramiento de perros que tienen presencia en la red. Y dado que muchas intervenciones asistidas incluyen a este animal como canalizador de la acción, su entrenamiento tiene una importancia vital para alcanzar el éxito.

Sin embargo, decidir qué tipo de adiestramiento es más adecuado para nuestros fines es una tarea complicada, sobre todo para personas que no tienen ningún tipo de experiencia previa en el campo. Algunas de las dificultades al respecto son:

  • Muchos de los sitios de internet donde se ofrece información son parte interesada (por ejemplo, empresas dedicadas al adiestramiento).
  • Por lo general, la calidad de las propuestas vienen avaladas por la experiencia personal, sin más datos que puedan servir para comparar antes de decidir.
  • La nomenclatura utilizada es poco sistemática.

Podemos discutir brevemente estos puntos:

El conflicto de las empresas de adiestramiento canino

Cuando la información que consultamos proviene de una empresa dedicada (total o parcialmente) al adiestramiento canino, el conflicto de intereses es muy evidente.

Por supuesto, la lógica indica que cuando un profesional aboga por un planteamiento, lo hace convencido de que es el mejor de cuantos conoce; sin embargo, no es fácil encontrar datos acerca de qué otras técnicas conoce, o si sólo posee formación en una forma de trabajo (en cuyo caso, la conveniencia de criticar o denostar otras opciones es muy evidente). Esto se agrava por la falta de datos comparativos entre distintas formas de adiestramiento (siguiente punto).

La duda de la efectividad del adiestramiento

Al hablar de la adecuación de la intervención, podemos hablar de tres términos muy relevantes (para saber más, puedes leer el artículo pulsando aquí pulsa para abrir el archivo en pdf):

  • Eficacia: capacidad de cumplir los objetivos marcados en situaciones ideales (por ejemplo, aprendizaje del perro cuando se somete a un adiestramiento intensivo y en condiciones controladas, como en un laboratorio).
  • Efectividad: capacidad de cumplir con los objetivos en condiciones reales (en la práctica, qué resultados se alcanzan cuando el perro recibe entrenamiento unas horas a la semana, vuelve a casa con los dueños después de cada sesión, etc.)
  • Eficiencia: relación entre los costes de la intervención y su resultado (en otras palabras, relación coste-beneficio).

La eficacia de diversas técnicas (en condiciones controladas) está bien establecida, dentro de los estudios de aprendizaje y condicionamiento: así y como ejemplo, las denominadas “teorías de aprendizaje” ofrecen ecuaciones que permiten anticipar la instauración de conductas a través condicionamiento operante (skinneriano) [volveremos sobre el tema en próximas entradas]. Sin embargo, esto sólo ocurre bajo condiciones experimentales, y en condiciones naturales (fuera del laboratorio) la incertidumbre crece.

Por esto, se echa en falta la información relativa a efectividad y eficiencia para las diversas propuestas de adiestramiento. Es decir, para determinados retos (instaurar o sustituir ciertas conductas), ¿Qué capacidad de éxito tiene cada propuesta, y a qué precio?

Pocos son los grupos de trabajo que incluyen la investigación dentro de sus prioridades, a pesar de que estas cuestiones son perfectamente investigables. Aún así, y aunque el público general no suela exigir este tipo de información, una cosa queda clara: cuando en una página web se ofrece “la mejor opción de adiestramiento” sin aportar datos comparativos, o amparándose en la “experiencia personal” (por supuesto, indemostrable), es muy conveniente tomar con cautela la información que nos ofrecen.

El laberinto de la nomenclatura

En último lugar, hacemos referencias a diferencias de tipo teórico. Es importante tener en mente que el adiestramiento profesional es al estudio del aprendizaje lo que la ingeniería a las matemáticas; una versión práctica a la que debe exigírsele soluciones reales, y no ideales.

Sin embargo, eso no elimina la necesidad de buscar etiquetas comunes que permitan reconocer los conceptos, métodos de trabajo, teorías subyacentes… de distintas propuestas. La falta de un estándar, probablemente influida por una cuestión comercial, dificulta la consolidación de un lenguaje común para los adiestradores.

Podemos ilustrar la difucultad para orientarse en este campo nombrando tres corrientes de adiestramiento con presencia en la red: adiestramiento tradicional, adiestramiento cognitivo-emocional, y adiestramiento en positivo.

  • Por una parte, el adiestramiento tradicional conglomera distintas formas de trabajo centradas en la obediencia y el uso de estímulos aversivos (en forma de castigo positivo o de reforzamiento negativo-estos términos serán explorados en otra ocasión). Esta etiqueta se aplica casi por defecto, incluyendo formas de trabajo muy diversas que dificultan establecer unos criterios básicos y distintivos.
  • En segundo lugar, la etiqueta cognitivo-emocional hace referencia al aparato cognoscitivo y motivacional del perro. Con ello, subraya la importancia de conocer incluidos en el aprendizaje. Esta etiqueta identifica el trabajo desarrollado por un grupo de profesionales específico, pero cognición y emoción son dos términos de uso muy frecuente en las ciencias del comportamiento; por lo tanto, parece previsible que otros grupos terminen amparándose bajo esta denominación, aún teniendo formas de actuación diferentes.
  • Y por último, el adiestramiento en positivo incluye distintas formas de trabajo centrados en el uso de estímulos positivos (evitando las situaciones de castigo). Como herramienta destacada aparece el clicker, en torno al cual gira gran parte del trabajo de entrenamiento. Sin embargo, el binomio positivo-clicker no es exclusivo, siendo posible encontrar entrenadores “en positivo” que no utilizar clicker, y siendo el clicker una herramienta que puede utilizarse en otras formas de adiestramiento.

Este breve resumen no debe considerarse exhaustivo, pero sirve para ilustrar la confusión entre opciones: unos se identifican por la filosofía de trabajo (“en positivo”); otros, por la técnica (uso del clicker, uso de reforzamiento y/o castigo); y otros, por la teoría subyacente (cognición, emoción…). Y todo esto, sin tener en cuenta que algunos adiestradores se identifican por la función que desempeñan (adiestramiento PARA terapia, actividades asistidas, obediencia…). ¿Cómo vamos a establecer una clasificación fiable, si cada grupo sigue un criterio distinto?

Entonces… ¿Estamos como al principio?

Por todo lo expuesto, queda claro que anticipar la forma de trabajo de cada adiestrador es complejo para una persona que toma contacto por primera vez con el tema.

Desde el blog, vamos a intentar solucionar estas confusiones buscando la información en la fuente. Por ello, y con intención de conocer más sobre las bases, contenidos e implicaciones de las distintas opciones disponibles en el mercado, este blog incorporará entradas acerca de distintas formas de adiestramiento, contando con la participación de profesionales que trabajan en cada una de ellas.

Mientras, seguimos abiertos a comentarios y propuestas que puedan servir para ampliar el debate. ¿Os interesa tener información sobre algún aspecto en particular? ¿Es necesario incluir otras aproximaciones? Estaremos al tanto en las redes sociales y en esta misma página.

¡Un saludo!

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